Romeo, el alma que dio nombre a nuestra casa

Hace más de 15 años, Romeo, un galgo español blanco de mirada noble, apareció en nuestra finca. Lo acogimos, aunque en el fondo sabemos que fue él quien nos eligió. Desde entonces, este rincón se transformó en un verdadero hogar, donde perros y caballos viven en armonía y libertad. Así nació La Casa de Romeo, un homenaje al amor y al bienestar animal.

Romeo, el alma que dio nombre a nuestra casa

Un encuentro que lo cambió todo

Hace más de quince años, cuando nuestra finca a las afueras de Madrid empezaba a llenarse con los primeros caballos de salto, apareció él: un galgo español blanco, de mirada noble y paso elegante, al que pronto llamaríamos Romeo.

No sabemos exactamente de dónde vino. Un día, simplemente estaba allí, observando curioso entre los paddocks, como si el lugar ya fuera suyo. Lo acogimos, aunque en el fondo sabemos que fue él quien nos eligió.

Desde entonces, nuestra finca dejó de ser solo un espacio ecuestre. Con Romeo corriendo libre bajo la sombra de los olivos, se convirtió en un verdadero hogar.

 

La calma del campo y la armonía entre animales

Romeo vivía en plena libertad, recorriendo los caminos junto a los caballos, que pronto aprendieron a convivir con él en total armonía.
A menudo lo encontrábamos tumbado junto al picadero, observando los entrenamientos con esa serenidad que lo hacía único.

Cada día, su presencia nos recordaba lo que de verdad significa el bienestar animal: libertad, calma y respeto mutuo.

 

La familia creció, pero Romeo siempre fue el primero

Con el tiempo, nuestra familia se fue agrandando. Llegó Simba, un pastor alemán fuerte y leal; después, Pantera, un mastín noble que cuidaba la finca con paciencia infinita.
Y más tarde, una tropa de energía inagotable: Dora, Canela, Pumba y Sam, nuestros pequeños Jack Russells que llenaron la finca de alegría y carreras interminables.

Aun así, Romeo seguía siendo el alma de todos.
El primero. El guía. El que convirtió la finca en un hogar.

 

Un oasis para los animales

Los caballos también parecían sentir esa paz.
Aquí galopan, descansan y comparten su espacio con los perros, disfrutando de un entorno donde cada ser encuentra su equilibrio.
La finca se ha convertido en un verdadero oasis para los animales, donde la naturaleza, el respeto y la libertad conviven cada día.

 

Un homenaje que se convirtió en marca

Cuando llegó el momento de dar nombre a nuestro proyecto, no hubo duda:
“La Casa de Romeo” no es solo una tienda.
Es un homenaje a él, a su historia y a todo lo que nos enseñó.

Romeo no solo encontró un lugar donde vivir:
convirtió esta finca en un hogar.